Para el ejercicio decido no acudir al 20 de julio, ya que encuentro que el ejercicio es reflexivo y sabía que encontraría una mejor reflexión, en la que fue por años la iglesia a la que asistí con mi familia "El señor de los milagros". Regresar a esta iglesia siempre me va a traer varios recuerdos, la mayoría buenos, de mi infancia. Observo frente a la entrada principal varios puestos de vendedores ambulantes, a muchos de ellos puedo reconocerlos de inmediato, algunos otros no. A la que mas recuerdo es a la señora Marta,que vende los buñuelos mas deliciosos que hasta el día de hoy eh probado, me reconoce pese a que ya han pasado varios años, pregunta por mi abuelo, y le cuento que el viejo sigue igual de verraco que siempre, me comenta que el domingo pasado lo vio muy bien. Me despido y continuo con el ejercicio y empiezo a tomar las fotos, veo un hombre que se arrodilla frente a altar y se da la bendición, y viene de inmediato a mi cabeza un recuerdo del día en que mi madre me regaño con voz firme por persinarme con la mano izquierda, cosa que pese al regaño seguí haciendo sin intención de ofender a nadie, por mucho tiempo. Posteriormente suenan las campanas y dan inicio a la ceremonia, escucho por unos momentos y de nuevo un recuerdo, esta vez de mi tía enseñándome de memoria las oraciones, y yo con algo de torpeza repitiendo. Miro en la fila de adelante dos pequeños niños que se pelean por una silla y a su madre regañándolos por la falta de respeto que muestran hacia el lugar. Salgo y tomo algunas fotos de personas pasando por el sitio, repitiendo la misma acción de pasar su mano por su frente, su obligo, hombro izquierdo y hombro derecho. Me asomo de nuevo a la iglesia y veo a un pequeño de aproximadamente 7 años arrodillado, con los ojos cerrados y apretando fuerte sus palmas, repetía perfectamente la imagen de su madre en el suelo, y de nuevo otro recuerdo, a su misma edad en la misma posición recuerdo murmurar incoherencias, y digo incoherencias por que no recuerdo hilar ninguna oración coherente, al lado mi tía que parecía que en su interior desplegaba con mucha fe oración tras oración. Finalmente tomo algunas fotos mas y me voy no sin antes despedirme nuevamente de doña Marta.
Llegando a mi casa pienso en el momento en el que decido no seguir participando de los rituales familiares, y lo mucho que llegó a afectar esto a mi familia. Pienso también en todo lo que me llevo a tomar aquella decisión, y se en el fondo que no me arrepiento de nada, respeto profundamente la fe de mi familia porque son personas sumamente buenas y amorosas, aun así me niego a pensar en la sumisión que cae sobre los hombros de mi tía al aceptarse como parte de esta fe, ella siempre se a caracterizado por ser la cabeza de la casa, una mujer correcta y fuerte (sobretodo fuerte), con amor que parece no acabar nunca, pero también con el carácter de enfrentar situaciones que parecen injustas, no creo en definitiva que esté de acuerdo con la fe impuesta que termino con la vida de tantos de nuestros ancestros. Con firmeza resuelvo que pese a todos mis pensamientos, no le arrebataría todo eso que pueda brindarle la fe, y entiendo como cada una de las personas que vi, asiste con tanta disposición a escuchar a un completo desconocido que les dice como deben vivir sus vidas.